Dado que la altitud máxima de la isla no alcanza los 700 m (670 m en Peñas del Chache), toda su superficie se encuentra por debajo del nivel de inversión del alisio. Este hecho fÃsico dificulta las lluvias orográficas tan importantes en las otras islas occidentales de Canarias, ya que no existe obstáculo montañoso que pueda detener el «mar de nubes». Por otro lado Lanzarote es, junto a Fuerteventura, la isla más cercana al continente africano. Como consecuencia, la pluviosidad media anual es muy baja y las precipitaciones son irregulares, no sobrepasando los 47 dÃas de lluvia anuales.
Como hemos visto, gran parte de la isla está cubierta por materiales volcánicos recientes, con erupciones que datan de los siglos XVIII y XIX. El resultado es que una porción importante de la superficie insular se halla cubierta de malpaÃses y lapillis (cenizas volcánicas). También destacan por su extensión los jables o arenas calcáreas de origen marino formadas por restos de conchas y moluscos traÃdos por el viento.
Ante estas condiciones adversas el ingenio insular ha sabido desarrollar toda una cultura de agricultura «sin agua» en condiciones tremendamente adversas, pero que ha dado como resultado uno de los sistemas de adaptación más espectaculares que se conocen.
Producto de esta singular cultura agrÃcola en Lanzarote existen dos formas propias de cultivo por lo que a la naturaleza del suelo agrÃcola se refiere: los jables, los enarenados artificiales y los enrenados naturales.
En conclusión, la agricultura de Lanzarote tiene un carácter excepcional debido a las condiciones adversas del medio. La existencia de una importante agricultura se debe al ingenio del hombre que ha resuelto las desventajas de esa situación. Los cultivos en enarenados y los jables permiten alcanzar unos rendimientos por hectárea similares a los obtenidos en regadÃo. Este tipo de agricultura ha significado un freno a la erosión de un medio árido, donde se ha optimizado los escasos recursos existentes para desarrollar una agricultura de calidad y creadora de paisaje.
Los enarenados están construidos por suelos cubiertos con lapilli (cenizas volcánicas) Su finalidad es la de conservar la humedad del subsuelo.
Los cultivos que pueden acoger estos enarenados deben disponer de un sistema radicular profundo que les permita atravesar la capa de lapilli.