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Historia de Lanzarote
6-09-2018

Acontecimientos ocurridos en Lanzarote, describiendo con detalle los hechos acaecidos desde la prehistoria hasta la actualidad.

En esta sección, hemos querido reunir y relacionar los distintos acontecimientos ocurridos en Lanzarote y que forman parte de su historia, describiendo con detalle los hechos acaecidos desde la prehistoria hasta la actualidad.

Preconquista

Los escasos restos arqueológicos encontrados en la isla no han posibilitado aún el estudio de los primeros asentamientos humanos prehistóricos. Se sabe, no obstante, que los antiguos pobladores eran los majos, que llamaban a la Isla Tite-Roy-Gatra

A pesar de que el Archipiélago pasa a formar parte, formalmente, de las páginas de la Historia a partir del siglo XV, las Islas eran conocidas en la antigüedad. Ya en la Grecia clásica sabían de la existencia de las Islas, designándolas Hespérides. Aunque también fue denominada Purpuraria debido a la gran cantidad de orchilla (liquen del que se extraen colorantes naturales) que poseía. Su nombre actual se debe,sin embargo, el navegante genovés Lancelotto Malocello quien, visitó la isla durante unos quince años comerció con sus habitantes y parece probable que le diera el nombre de Lanzarote.

Está probado que los primeros habitantes de la isla, como los del resto de Canarias, procedían del Norte de África, de un espacio geográfico que se extiende, aproximadamente, desde Túnez hasta la costa atlántica, y desde el Mediterráneo hasta el límite meridional del desierto del Sáhara, entroncados cultural y genéticamente con los pueblos bereberes del actual Magreb. 

En cuanto a las fechas del poblamiento, la mayoría de las teorías apuntan a un momento próximo al año 500 a. C. para datar las primeras arribadas humanas a las Canarias. Las causas exactas que motivaron el desplazamiento se desconocen.

Sobre el aspecto físico de los aborígenes de la isla poco se sabe con certeza, debido a la escasez de estudios antropológicos. Las limitadas piezas óseas estudiadas remiten a un tipo de estatura media-alta y acusada robustez, de características mediterranoides norteafricanas. No obstante, la crónica normanda de la conquista (Le Canarien), apunta que los conquistadores quedaron admirados por el aspecto físico, las costumbres y las virtudes de los aborígenes.

El modo de vida anterior a la conquista, giraba en torno al pastoreo, aunque también se cultivaba cebada y trigo de los que, una vez tostados y molidos, se obtenía harina de gofio, elemento esencial de la dieta alimenticia de los aborígenes. Vivían fundamentalmente en cuevas y, a veces, construían chozas. Un tipo de vivienda singular en la Isla era la casa honda, gruta subterránea formada por la acción volcánica, de escasa altura y que, por lo general, contaba con una boca de entrada y otra de salida. También disponían de construcciones de utilidad pública, como el tagoror, de planta circular y oval rodeada de un pequeño muro de piedra seca, en cuyo interior se reunían los ancianos o consejeros para deliberar sobre asuntos políticos e impartir justicia. 

Vestían con pieles, la tierra era común y eran pacíficos. Creían en un solo dios, tenían leves y jueces embalsamaban a sus muertos. Un aspecto que resalta el sentido de comunidad entre los aborígenes lanzaroteños se aprecia en la pesca con redes y juncos, en la que participaban hombres y mujeres apaleando el agua para conducir los peces a la red, cercándolos. La pesca se repartía a partes iguales entre todos los participantes.

La poliandria era frecuente, es decir, aquella situación en la que una mujer tiene varios esposos. Ello presupone que la mujer tenía reservado un papel social muy importante a través de la maternidad. Lo normal era que a cada mujer le correspondieran tres hombres, cada uno de los cuales ejercía de marido principal durante una fase de la luna, mientras los dos restantes pasaban a ser colaboradores.

Conquista

La conquista se inicia por Lanzarote, en 1402, a raíz de que el caballero normando Jean de Bethencourt consiguiera los derechos de conquista de la mano del Rey castellano Enrique III, quien patrocina la invasión. No tuvo mayor problema en conquistar la isla ya que Guadarfía solo contaba con 200 hombres para la defensa de toda la isla. A su llegada, Bethencourt se estableció en la Playa de Las Coloradas, muy cerca de la localidad de Playa Blanca, en donde se erigió la primera Diócesis de Canarias.

Tras un breve periodo, del nucleo de poder de la isla en este lugar, parece que el centro político, religioso y administrativo se traslada a la antigua «Gran Aldea» de los Majos, (Teguise). Posiblemente esto ocurra cuando la posesión de la isla la obtiene el Conde de Niebla, hasta 1445, en que es tomado definitivamente por la familia de Hernán Peraza. 

Este período a nivel interno se caracteriza por una población aborigen diezmada, la introducción de nuevos colonos, sobre todo del sur peninsular, la llegada, aunque aún lentamente, de nuevos pobladores esclavos de la vecina costa para suplir la escasez de mano de obra, el abandono de antiguos núcleos de población y de sus áreas de explotación económica, la progresiva centralización de la vida económica, social, política y religiosa en la Villa de Teguise ya consolidada a partir del segundo tercio del s. XV.

La conquista supuso un salto desde la edad de piedra a la moderna civilización europea. Se suceden diversos monocultivos durante largos períodos, como la caña de azúcar, el vino y la cochinilla. Éste último nombre denomina a las larvas de un insecto parásito de las tuneras -nopales- de las que, una vez desecadas y reducidas a polvo, se extrae una materia colorante roja que lleva el nombre del insecto, aunque es más conocida por carmín.

Post Conquista hasta el siglo XIX

El 28 de Septiembre de 1454 se otorga a Diego de Herrera y doña Inés Peraza el señorío de Lanzarote y comienza la época de dominio castellano sobre la Isla bajo la forma de señorío. Durante las siguientes centurias la isla mantendrá una estructura de poder feudal, hasta la abolición en 1812 por las cortes de Cádiz de la unión de titularidad de la tierra y poder judicial que representaban los señoríos. 

Durante los estos siglos el señorío de Lanzarote pasa de mano en mano de los descendientes de Bethencourt a nobles andaluces como el Conde Niebla, Hernán de Peraza y Pedro Barba. Pero sin duda hay que entre sus titulares a Agustín de Herrera, Conde de Lanzarote y primer Marqués de la isla, que realizó numerosas razzias (14 entre 1556 y 1560) en las costas africanas con el propósito de capturar esclavos moriscos, que llegarían a constituir las 3/4 partes de la población de la Isla.

Estas incursiones fueron devueltas por los corsarios berberiscos, lo que sumado a las acciones de ingleses y franceses provocó que Lanzarote sufriera numeros ataques. En 1586 el corsario berberisco Amurat toma la isla con quinientos hombres y captura a la familia del señor. En 1618 Soliman invade y arrasa la isla. Sir Walter Raleigh, durante su última expedición en busca del Dorado, ataca Arrecife en 1617 y arrasa la ciudad. La población se refugia durante los ataques en la cueva de los Verdes.

Los ataques, la existencia de sequías y plagas de langosta, además de los pesados tributos señoriales, crearon una situación de frecuente crisis en la isla que llevó a la emigración. De esta emigración cabe destacar la fundación de San Antonio de Texas en 1729. Asimismo, fue importante la presencia de lanzaroteños en Uruguay, donde algunos participaron activamente en la vida pública. La emigración se combinó con las capturas de habitantes realizadas por los berberiscos para mantener a la Isla con bajos niveles de población. Así, a finales del siglo XVI Lanzarote sólo contaba con unos 600 habitantes. 

Otra grave amenaza que tuvieron que afrontar los habitantes de Lanzarote fue la volcánica, y en 1730-1736 se produjo un largo ciclo de erupciones que sepultó varios pueblos y algunas de las mejores tierras de cultivo de la isla, que le habían permitido ejercer de granero de Tenerife y Gran Canaria, lo que provocó un nuevo éxodo de habitantes. Sin embargo la arena volcánica pronto resultó beneficiosa para la agricultura de la Isla, puesto que se instalaron nuevos cultivos, destacando entre todos el de la uva en el paisaje de La Geria para obtener el conocido vino de malvasía, que comenzó a exportarse en el último cuarto del siglo XVIII.

A finales del s. XVIII se introduce un nuevo cultivo de exportación, la barrilla, de la que se obtenía sosa o sal alcalina exportada a Londres y Venecia. En el s. XIX aparecerá la cochinilla, pero al igual que la barrilla y antes la orchilla en el s. XVI también entraría en crisis.

Otra actividad productiva importante fue la producción de la sal surgiendo hasta 26 salinas que llegaron a operar en la Isla, y que llegó a ser tan importante que condujo a la creación de un nuevo tipo de salina, la de tajo compuesto y forro de piedra, y a la presencia de maestros salineros lanzaroteños en la construcción de salinas en el resto de Canarias.

Hasta 1852 la capital de la isla era la Real Villa de Teguise y a partir de ese momento y hasta la actualidad ese nombramiento lo tiene Arrecife. La causa es muy simple Arrecife tenía puerto y con la aparición de los grandes comercios y del puerto de Arrecife, este fue creciendo en tamaño, necesidad e importancia. Era la puerta de entrada y salida de la isla.

Primera mitad del siglo XX

Al comienzo de este periodo Lanzarote comienza a mantener importantes contactos comerciales con el exterior. Existe asentada en la isla una burguesía local que expande y embellece la nueva capital al calor del creciente auge del puerto de Arrecife, que impulsa importantes obras de infraestructuras y que provoca cambios destacados en la realidad socieconómica y política insular

Pero aún así va a continuar con no pocos elementos heredados del antiguo régimen, desde el mantenimiento de cierta oligarquía agrícola, vinculada a formas de explotación precapitalistas, y con el mantenimiento y reproducción de valores ideológicos anclados en un pasado muy remoto.

La expansión de nuevos cultivos como la sandía, el tabaco, la batata, etc.. van a provocar un importante impulso del campo, sobre todo con el desarrollo de los enarenados artificiales, que dejan como testigo numerosos roferos diseminados por la geografía insular. Por otro lado sigue siendo muy importante la superficie ocupada por la vid y comienza a decrecer la importancia de las áreas dedicadas al cereal. Los cultivos sobre jable y sobre las zonas cubiertas por las cenizas van a representar formas muy originales de prácticas agrícolas gracias a la ingeniosa y esforzada labor del campesinado isleño. Estas pautas de adaptación al medio tan sorprendentes, van a servir de reclamo por la industria turística como imagen exterior de la isla.

Otras de las grandes obras de los habitantes de la isla, iniciada desde tiempos inmemoriales, ha sido la tecnología del aprovechamiento del agua, con ingeniosas formas de captación y almacenamiento. En el primer cuarto del s. XX se realizan importantes obras de infraestructura relacionadas con el aprovechamiento hidráulico, sobre todo en el entorno de Arrecife.

La autarquía económica que vive la isla durante la dictadura, va a propiciar el desarrollo de la agricultura de autoconsumo, aunque no será capaz de sortear la enorme crisis que se vive a mediados de siglo, y que provoca otra emigración masiva de isleños hacia el exterior.

Durante los tres primeros cuartos del siglo la industria pesquera llegó a representar mas del 60% de la economía insular. Suposo un sector muy dinámico y prometedor para la isla, pero su desmantelamiento, consumado debido a varias circunstancias, entre ellas, la descolonización del Sahara y los Acuerdos Pesqueros con Marruecos, llevaron al traste la floreciente industria conservera asentada en la isla y de la que vivían varios miles de trabajadores directa o indirectamente. Será a partir de entonces cuando el turismo de masas la nueva economía, «el nuevo monocultivo» irá transformado, y aún lo hace, la isla y a su población de forma acelerada y exponencial.

Segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad

Será el periodo correspondido entre los años sesenta y comienzos de los setenta cuando se empieza con el turismo como una actividad económica en la isla. 

En 1966, el artista lanzaroteño César Manrique regresa de su estancia en Nueva York y se instala definitivamente en Lanzarote transformando la isla en un destino turístico respetuoso con su paisaje e identidad cultural. Durante esa época se acondiciona y se pone en explotación los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes y posteriormente la zona de la isla donde sucedieron las erupciones del s.XVIII, declarándose buena parte de ese territorio Parque Nacional, con el nombre de Timanfaya.

Otro punto fundamental en las últimas décadas del siglo XX fue la rápida decadencia del sector pesquero que, a principios de los años 70, era fundamental en la economía de la isla, pasando en poco tiempo a un plano secundario. Así pues, desde mediados de la década de los 70 se aprecia la paulatina caída de los sectores primarios tradicionales de la economía insular, y comienzan a vislumbrarse los síntomas de una nueva forma de explotar el turismo en la isla con la ocupación de importantes zonas costeras, sobre todo en los tres núcleos principales, Playa Blanca, Puerto del Carmen y Costa Teguise.

A pesar de la conciencia ambiental de los isleños, algunos aspectos del modelo desarrollista y ambientalmente insostenible implantado en otros destinos turísticos comenzaron a hacerse notar en Lanzarote desde finales de los años 80. Antes de su muerte, en 1992, el propio Manrique se había colocado a la cabeza de las protestas contra del turismo masivo y los desaciertos urbanísticos, convirtiéndose en un símbolo de la defensa del territorio y la naturaleza de Canarias.

La economía volcada hacia el turismo y el sector de la construcción, con trabajadores muchas veces procedentes de la península y de estancia temporal en la isla, ha llevado a Lanzarote de ser una isla que emigraba a ser una isla que vive una enorme inmigración fruto de la cual ha experimentado un espectacular aumento demográfico. En la actualidad, la mitad de la población que reside en Lanzarote ha nacido fuera de la isla, y una cuarta parte de los censados son extranjeros. 

En resumen, Lanzarote ha vivido en las últimas décadas el mayor desarrollo socio-económico de su historia. Sin embargo, en la actualidad estamos asistiendo a una preocupante contradicción. Por un lado, se estimula la proyección internacional de la isla como ejemplo de turismo sostenible, llegando a declarase la isla como Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Y por otro lado, continúa y se expande el modelo desarrollista y especulativo, sobre todo en estos últimos años de crecimiento desaforado, que están poniendo en peligro, no sólo la imagen real de Lanzarote, sino la convivencia y la cultura tradicional de su gente.



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