Culturalmente hablando, Lanzarote es sinónimo de mestizaje.
El paso de la historia ha dejado en la isla un patrimonio de alto valor arqueológico, artístico, arquitectónico y etnográfico, testigos de la evolución cultural de esta comunidad insular.
Un patrimonio histórico, legado de la identidad isleña, que se ha enriquecido y acompañado de múltiples manifestaciones culturales y artísticas que confieren a la isla unas singularidades difícilmente encontrables en tan reducido espacio territorial.
El vino extraído del volcán es una de las más gratas sorpresas que ofrece la Isla a la hora de la comida, además del espectáculo que supone el cultivo de la vid.
El clima y la geografía han determinado el desarrollo de una agricultura poco diversificada cuyos productos, unidos a los frutos extraídos del mar, han sustentado la cocina isleña.
La mayor parte de las manifestaciones culturales de cualquier pueblo están vinculadas a los deportes autóctonos.
Lanzarote posee un importante legado arqueológico que nos permite adentrarnos en los distintos escenarios donde se desarrollaba la vida de las poblaciones prehispánicas de la Isla.
En cada rincon de Lanzarote asoma el pasado histórico de la Isla, tanto en sus representaciones prehispánicas, como de en sus más de cinco siglos de historia europea.
En el transcurso del año en la isla se celebran numerosas fiestas que son capaces de captar la atención de cualquiera
No es posible imaginarse la isla tal y como es hoy sin César Manrique: su influencia y su obra la han marcado; una arquitectura integrada siempre en el paisaje.
La escasez de recursos en la isla ha ocasionado que la artesanía haya discurrido por estrechos limites, sin que por ello se pueda hablar de una artesanía pobre.