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Geografía del municipio de Tias


Situado en la parte oriental de la isla, limita al noreste con San Bartolomé, siguiendo una línea casi recta. que va de la Montaña de Juan Bello a la Playa de Guasimeta y que divide las instalaciones del aeropuerto. Hacia el noroeste en la zona central de la isla, linda con Tinajo, a través de otra recta, que corta la Montaña Negra. Finalmente, por el oeste esta línea se inflexiona, tomando como referencia la cumbre de la montaña de Guardilama y desciende por el barranco de la Pila, hasta el mar.

La franja costera, que abarca todo el sur del municipio, presenta un tramo occidental más acantilado, mientras que desde la Punta Tiñosa a Guasimeta, es una sucesión de playas de arena, que precisamente llevan, en su conjunto, este nombre: Las Playas.

Buena parte del término está ocupado por materiales volcánicos recientes, pertenecientes al Segundo Ciclo Volcánico, e incluso históricos. También se presentan algunos relieves residuales, en forma de morros, que se corresponden con basaltos antiguos, emitidos en el Primer Ciclo Volcánico de formación de la isla.

Hacia el interior en contacto con Tinajo, se encuentra La Geria, que constituye un valle intercolinar, cubierto con los materiales volcánicos recientes, de las erupciones del siglo XVIII. Supone uno de los paisajes agrarios más representativos y singulares de la isla, donde el campesino ha tenido que excavar en la arena (picón o lapilli), o incluso las lavas, hasta encontrar suelo fértil donde poder plantar sus cultivos.

Continuando hacia la costa, aparecen numerosos conos volcánicos alineados; entre los que se encuentran una serie de vegas, que suponen los espacios más fértiles, y donde se desarrollan buen número de cultivos y, en sus bordes, núcleos de poblamiento, entre ellos, la capital municipal.

Hasta la costa continúa una suave ladera. por donde correría, hasta llegar al mar, cerca de La Tiñosa, una de las dos corrientes lávicas de las erupciones de 1730-36, que alcanzaron esta parte de la isla.

El desarrollo de la actividad turística, ha transformado la franja litoral, que se ha visto sometida a un progresivo proceso urbanizador. El mismo no ha estado exento de polémica, caso de las construcciones de Los Pocillos o las que acabaron con Las Salinas de Matagorda. La aridez es la nota dominante del clima, donde la escasa altitud de todo el término, no posibilita que existan mayores contrastes. Sólo los espacios más elevados del interior, conocen unos mayores aportes de humedad.

La cubierta vegetal original se encuentra totalmente transformada, por la implantación de los cultivos y la urbanización; sin descartar la ocupación por las erupciones históricas.


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