Al comienzo de este periodo Lanzarote comienza a mantener importantes contactos comerciales con el exterior. Existe asentada en la isla una burguesía local que expande y embellece la nueva capital al calor del creciente auge del puerto de Arrecife, que impulsa importantes obras de infraestructuras y que provoca cambios destacados en la realidad socieconómica y política insular
Pero aún así va a continuar con no pocos elementos heredados del antiguo régimen, desde el mantenimiento de cierta oligarquía agrícola, vinculada a formas de explotación precapitalistas, y con el mantenimiento y reproducción de valores ideológicos anclados en un pasado muy remoto.
La expansión de nuevos cultivos como la sandía, el tabaco, la batata, etc.. van a provocar un importante impulso del campo, sobre todo con el desarrollo de los enarenados artificiales, que dejan como testigo numerosos roferos diseminados por la geografía insular. Por otro lado sigue siendo muy importante la superficie ocupada por la vid y comienza a decrecer la importancia de las áreas dedicadas al cereal. Los cultivos sobre jable y sobre las zonas cubiertas por las cenizas van a representar formas muy originales de prácticas agrícolas gracias a la ingeniosa y esforzada labor del campesinado isleño. Estas pautas de adaptación al medio tan sorprendentes, van a servir de reclamo por la industria turística como imagen exterior de la isla.
Otras de las grandes obras de los habitantes de la isla, iniciada desde tiempos inmemoriales, ha sido la tecnología del aprovechamiento del agua, con ingeniosas formas de captación y almacenamiento. En el primer cuarto del s. XX se realizan importantes obras de infraestructura relacionadas con el aprovechamiento hidráulico, sobre todo en el entorno de Arrecife.
La autarquía económica que vive la isla durante la dictadura, va a propiciar el desarrollo de la agricultura de autoconsumo, aunque no será capaz de sortear la enorme crisis que se vive a mediados de siglo, y que provoca otra emigración masiva de isleños hacia el exterior.
Durante los tres primeros cuartos del siglo la industria pesquera llegó a representar mas del 60% de la economía insular. Suposo un sector muy dinámico y prometedor para la isla, pero su desmantelamiento, consumado debido a varias circunstancias, entre ellas, la descolonización del Sahara y los Acuerdos Pesqueros con Marruecos, llevaron al traste la floreciente industria conservera asentada en la isla y de la que vivían varios miles de trabajadores directa o indirectamente. Será a partir de entonces cuando el turismo de masas la nueva economía, «el nuevo monocultivo» irá transformado, y aún lo hace, la isla y a su población de forma acelerada y exponencial..
Será el periodo correspondido entre los años sesenta y comienzos de los setenta cuando se empieza con el turismo como una actividad economica en la isla. Durante esa época se acondiciona y se pone en explotación los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes y posteriormente la zona de la isla donde sucedieron las erupciones del s.XVIII, declarándose buena parte de ese territorio Parque Nacional, con el nombre de Timanfaya.
Desde comienzos de los años setenta, comienzan a vislumbrarse los síntomas de una nueva forma de explotar el turismo en la isla, mucho mas dependiente, extrovertida en lo económico, y agresiva con el medio, con la ocupación de importantes zonas costeras, sobre todo en los tres núcleos principales, Playa Blanca, Puerto del Carmen y Costa Teguise.
En la actualidad estamos asistiendo a una preocupante contradicción. Por un lado, se estimula la proyección internacional de la isla como ejemplo de turismo sostenible, llegando a declarase la isla como Reserva de la Biosfera por la UNESCO. Y por otro lado, continúa y se expande el modelo desarrollista y especulativo, sobre todo en estos últimos años de crecimiento desaforado, que están poniendo en peligro, no sólo la imagen real de Lanzarote, sino la convivencia y la cultura tradicional de su gente.
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