Los escasos restos arqueológicos encontrados en la isla no han posibilitado aún el estudio de los primeros asentamientos humanos prehistóricos. Se sabe no obstante que los antiguos pobladores eran los majos, que llamaban a la Isla Tite-Roy-Gatra. A pesar de que el Archipiélago pasa a formar parte, formalmente, de las páginas de la Historia a partir del siglo XV, las Islas eran conocidas en la antigüedad. Denominada Purpuraria debido a la gran cantidad de orchilla que poseía, su nombre actual se debe, no obstante, el navegante genovés Lancelotto Malucello quien, en 1312, redescubre el Archipiélago. La orchilla es un liquen del que se extraen colorantes naturales. Ya en la Grecia clásica sabían de la existencia de las Islas, designándolas Hespérides.
Los antiguos pobladores vivían en la edad de piedra al llegar Jean de Bethencourt. Los conquistadores quedaron admirados por el aspecto físico, las costumbres y las virtudes de los aborígenes, de cuyo origen nada se sabe a ciencia cierta. La teoría general más aceptada señala que procedían del noroeste africano, continente distanciado de Canarias por unos 100 km.
El modo, de vida anterior al a conquista, giraba en torno al pastoreo, aunque también se cultivaba cebada y trigo de los que, una vez tostados y molidos, se obtenía harina de gofio, elemento esencial de la dieta alimenticia de los aborígenes. Vivían fundamentalmente en cuevas y, a veces, construían chozas. Un tipo de vivienda singular en la Isla era la casa honda, gruta subterránea formada por la acción volcánica, de escasa altura y que, por lo general, contaba con una boca de entrada y otra de salida. También disponían de construcciones de utilidad pública, como el tagoror, de planta circular y oval rodeada de un pequeño muro de piedra seca, en cuyo interior se reunían los ancianos o consejeros para deliberar sobre asuntos políticos e impartir justicia.
Vestían con pieles, la tierra era común y eran pacíficos. Creían en un solo dios, tenían leves y jueces embalsamaban a sus muertos. Un aspecto que resalta el sentido de comunidad entre los aborígenes lanzaroteños se aprecia en la pesca con redes y juncos, en la que participaban hombres y mujeres apaleando el agua para conducir los peces a la red, cercándolos. La pesca se repartía a partes iguales entre todos los participantes.
La poliandria era frecuente, es decir, aquella situación en la que una mujer tiene varios esposos. Ello presupone que la mujer tenía reservado un papel social muy importante a través de la maternidad. Lo normal era que a cada mujer le correspondieran tres hombres, cada uno de los cuales ejercía de marido principal durante una fase de la luna, mientras los dos restantes pasaban a ser colaboradores.
En el siglo XIII, el genovés Lancelotto Malucello visitó una isla a la que los nativos llaman Tytheroygatra; durante unos quince años comerció con sus habitantes y parece probable que le diera el nombre de Lanzarote.
En el siglo XIV arribó a esta isla el noble vizcaíno Martín Ruiz de Avendaño, que fue invitado por el rey de la isla Zonzamas a hospedarse en su propia casa, el cual residía en un castillo construido con piedras de gran tamaño, lugar que en la actualidad constituye uno de los conjuntos arqueológicos más destacados de Canarias.
Martín Ruiz de Avendaño tuvo relaciones con la mujer del mismo llamada Fayna, que a los nueve meses dio a luz una hermosa niña de tez muy blanca y cabellos dorados a la que llamaron Ico. Al morir Zonzamas le sucedió su hijo Tinguafaya, que fue hecho prisionero en 1393 junto con su esposa y 160 nativos. Le sucedería su hermano Guanarame, que se había casado con su hermana la princesa Ico. De esta unión nació Guadarfía. Al quedar el trono en manos de la princesa Ico le exigieron una prueba de su nobleza, la cual consistía en encerrarla con 3 criadas plebeyas en una habitación llena de humo de donde debía salir airosa. Antes de entrar en la habitación, la princesa tropezó con una anciana quien le dijo que sostuviera en su boca una esponja mojada durante el tiempo que estuviera dentro. Al pasar el tiempo de la prueba la princesa Ico salió de la habitación con la irritación natural en los ojos, quedando las 3 criadas muertas dentro. Así pudo reinar y ceder posteriormente el trono a su hijo Guadarfía.
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