A pesar de la aridez resultante de una larga estación seca y de que una gran parte de la superficie de la isla está cubierta por lavas que no permiten el crecimiento de la vegetación, Lanzarote ha mantenido históricamente una destacada cabaña en estrecha relación con los cultivos.
Aún pueden apreciarse en el campo de la isla, en tomo a las casas rurales, los conocidos pajeros, apilamientos de paja de cereales, leguminosas y, sobre todo, de palotes que el campesino concentraba en un lugar determinado dándole forma de tronco de cono, con la parte superior cubierta de tierra. Este tipo de almacenamiento permitía mantener una cabaña aceptable entre la estabulación y las rastrojeras, sobre todo de las especies más frugales como las cabras.
No obstante, la crisis de la actividad campesina se manifiesta con mayor virulencia en la ganadería debido a que requiere una mayor dependencia. Si analizamos la evolución de la cabaña ganadera en los veinte últimos años podemos constatar una drástica y progresiva reducción del vacuno y del ovino, relacionándose esta disminución con la crisis de los cultivos de cereales y leguminosas, elementos básicos del modelo tradicional.
En cambio, con el ganado caprino se produce un hecho sorprendente. De 14.300 cabezas en 1972, se desciende progresivamente hasta 3.000 en 1988. Sin embargo, actualmente volvemos a encontrarnos con una gran recuperación, situándose la cabaña actual en tomo a las 15.000 cabezas. Este ascenso habrá de achacarse a dos factores importantes que han incidido en el desarrollo de la ganadería en la isla. En primer lugar, la aparición de una serie de campañas de promoción, incentivando al agricultor en la recuperación de la imagen y calidad del excelente queso conejero. En segundo lugar, la puesta en marcha de iniciativas de asociación empresarial y gremial que han supuesto una garantía para la continuidad de la actividad ganadera, cuya producción ronda actualmente el medio millón de kilos al año.
El mercado actual de estos quesos se distribuye entre un 60% de consumo interno en la isla y el resto es absorbido por el mercado del archipiélago, más concretamente por las islas de Tenerife y Gran Canaria.
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