Se encuentra en el pueblo de Guatiza, en el municipio de Teguise, en la costa nordeste de Lanzarote, una localidad en cuyo paisaje agrario predomina el cultivo de nopales -tuneras-.
En los nopales de Guatiza parasita un insecto denominado cochinilla -Dactylopius coccus-, del que se extrae un colorante natural del mismo nombre obtenido de las larvas mediante un complejo proceso artesanal de recolección y secado. Carmín es uno de los nombres por el que se conoce a la cochinilla.
El Jardín de Cactus fue realizado sobre una cantera de extracción de materiales volcánicos a cielo abierto, abandonada desde el siglo pasado, ocupando una extensión de más de 5.000 metros cuadrados. En Lanzarote se denominan roferos a estos espacios y rofe al material extraído, que no es otra cosa que la ceniza volcánica con la que se cubren las tierras de cultivo en la Isla. Aquél espacio deteriorado se rehabilitó, siendo convertido en un jardín con más de 1.400 plantas, cactáceas en su mayoría, de mil especies distintas.
La obra arquitectónica se asemeja a un anfiteatro romano. Está construida en piedra suelta vista y se dispone en terrazas, otorgando al conjunto una gran solidez. Sus piezas clave, como son el pórtico de entrada, la original tienda y el bar-cafetería, han sido construidos con piedras basálticas labradas a mano.
El espacio lo preside un molino de viento, fielmente restaurado. En su interior se muele grano tostado del que se obtiene el gofio, un popular alimento canario utilizado por la población que vivía en las Islas antes de la conquista, en el siglo XV, cuyo consumo está muy extendido hoy en día.
El Jardín de Cactus no tiene igual en la tradición de la jardinería en el mundo. Aunque César Manrique bebió del modo de hacer en Japón, el resultado final es muy original y exclusivo de Lanzarote.
Una gran pieza escultórica de Manrique, simbolizando un cactus, indica la presencia del Jardín. Llama la atención su sólido pórtico de entrada realizado en piedra labrada y el sorpresivo acceso al interior, tras el que repentinamente se descubre la exuberante panorámica del Jardín.
El recorrido puede realizarse libremente siguiendo distintos itinerarios, apreciándose la extraña belleza de las especies vegetales, de variadas formas y tamaños. En el espacio central destaca la presencia de varios monolitos naturales resultantes de la actividad extractiva. Un estanque con peces otorga frescura al espacio. El Jardín alcanza su máximo esplendor con la floración de los cactus, un espectáculo de la naturaleza difícil de describir.
Desde la perspectiva arquitectónica sobresalen los detalles constructivos labrados a mano sobre la dura piedra basáltica, así como la armoniosa resolución del edificio de la tienda y el bar-cafetería. Antes e regresar punto e partida, la visita finaliza en el promontorio en el que se encuentra el molino de viento, cuyo interior puede ser visitado, y desde el que se divisa una amplia panorámica del paisaje agrario circundante.
El Jardín de Cactus fue inaugurado en 1990, siendo la última realización de los Centros de Arte, Cultura y Turismo. Es una creación de César Manrique. Al experto botánico Estanislao González Ferrer se debe la completa recopilación de las especies vegetales que se encuentran en su interior, procedentes de todo el planeta.